El capítulo DYA de Molloy sirve a niños en El Salvador

El capítulo DYA de Molloy sirve a niños en El Salvador

Desde hace tres años, miembros del capítulo Molloy de Dominican Young Adults (DYA) viajan al pequeño pueblo de Sol Naciente, en El Salvador, para ayudar a la hermana Flor de María Buruca a organizar un campamento para los niños de la zona.

Este capítulo Molloy de DYA se encuentra en Rockville Centre, Nueva York, en los Estados Unidos. La hermana Flor de María es Hermana Dominica de Amityville. Llegó a los Estados Unidos a finales de la década de 1980. Durante muchos años, antes de hacerse religiosa, trabajó en el comercio y pudo obtener su visa de trabajo. Desde que ingresó en las Hermanas Dominicas de Amityville, ha completado una maestría en Teología y tiene una certificación en atención pastoral. Parte de su familia sigue viviendo en El Salvador, en La Unión y en San Salvador. Además de visitar a su familia, hace más de diez años la hermana Flor de María comenzó un ministerio en Sol Naciente para responder a las necesidades de la gente.

Los habitantes de Sol Naciente fueron desplazados de La Unión, el pueblo donde creció la hermana Flor de María. Vivían cerca del agua, en esa ciudad portuaria, y se vieron obligados a irse cuando una empresa de un país del primer mundo llegó y se apoderó de sus tierras. Se establecieron en Sol Naciente. ¡Lo perdieron todo!

La hermana Flor de María visitó a esta gente y sintió su profundo dolor. Se sintió llamada, como santo Domingo y santa Catalina, a unirse a ellos y trabajar a su lado para formar una nueva comunidad. Su primer deseo fue construir una capilla en el centro del pueblo: la gente necesitaba un lugar de culto y también de encuentro, sobre todo para los niños. Gracias a una incansable recaudación de fondos en los Estados Unidos, reunió el dinero para construir una hermosa capilla, llamada capilla de la Inmaculada Concepción y Santo Domingo. En la puerta principal hay una gran cruz dominicana, y el interior está decorado con imágenes de santo Domingo, santa Catalina y san Martín de Porres.

La hermana Flor de María vio la necesidad de educar a los niños no solo en lo académico, sino también en su rica cultura salvadoreña, que estaba y sigue estando amenazada por la influencia de las pandillas y por países que llegan a El Salvador a abrir tiendas y grandes empresas que llevan a la gente a dejar su autosuficiencia para adquirir «cosas materiales» que no necesita. Comenzó un programa extraescolar para animar a los niños a seguir estudiando y a no entrar en las pandillas. Este programa también les insiste en que se queden en El Salvador y recuperen su rica cultura.

Además del programa extraescolar, la hermana Flor de María organiza un campamento para los niños durante sus vacaciones. Se realiza cada año a principios de enero, antes de que los niños vuelvan a la escuela. El campamento encarna los cuatro pilares de la vida dominicana: oración, estudio, comunidad y servicio. Cada día comienza con una clase de religión relacionada con el tema del campamento. Este año el tema fue «¡Sé quien estás llamado a ser y prenderás fuego al mundo!» (santa Catalina de Siena). Santa Catalina, representada por una integrante de DYA, pasaba quince minutos con los niños: rezaba con ellos una lectura de la Escritura, les hablaba un poco de sí misma y les pedía que reflexionaran sobre lo que escucharan a lo largo del día. Luego recibían una tarea relacionada con el tema del día y participaban en manualidades, música, deportes, juegos al aire libre y servicio comunitario, siempre en torno a ese tema. El campamento termina siempre con una misa de clausura. Este año varios niños recibieron la Primera Comunión y se bautizaron cuatro bebés.

Nuestros jóvenes de DYA que han tenido la increíble oportunidad de viajar a Sol Naciente se han conmovido profundamente al trabajar en el campamento y ayudar a la hermana Flor de María con los niños. Por lo general asisten entre 30 y 40 niños. La mayoría solo habla español, y la mayoría de los miembros de DYA que viajan solo hablan inglés o muy poco español. Al principio les resulta difícil, pero enseguida descubren que durante esa semana manda el lenguaje del amor. Los jóvenes insisten a los niños en la importancia de seguir en la escuela, de participar en el programa extraescolar y de no entrar en las pandillas. ¡Siempre me asombran las relaciones que se forman tan rápido y que van más allá del idioma!

Esta experiencia sumerge a los jóvenes en nuestra vida y espiritualidad dominicanas. Cada día viven los cuatro pilares de manera muy concreta y real. ¡Siguen los pasos de santo Domingo y predican a diario con su vida! Están muy agradecidos con la hermana Flor de María por darles la oportunidad de venir a trabajar en este campamento tan santo y bendecido. También los inspira ella, que vio la necesidad y entregó, y sigue entregando, su corazón y su vida a la hermosa gente de Sol Naciente.

Los capítulos de Dominican Young Adults abren el corazón, la mente y el alma de muchísimos jóvenes. Les permiten poner su fe en acción y ver el rostro de Dios en los pobres y los marginados. ¡Es un honor y una bendición para mí formar parte de este maravilloso camino con ellos!

Hermana Diane Capuano
Hermana Dominica de Amityville, mentora
del capítulo Molloy de Dominican Young Adults

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