Main Menu
Who's Online
Tenemos 21 invitados conectado
Jubileo Dominicano

AddThis Social Bookmark Button

SEMANA SANTA CON EL PUEBLO Q’EQCHI
MISION EN LAS VERAPACES

Me gustaría empezar, haciendo la aclaración de que esta no fue una misión propia de nuestro movimiento, sino que fue una invitación por parte de la juventud de Telemán, las hermanas Anunciata y el párroco de la parroquia San Marcos para acompañarlos en la misión que llevan años realizando durante la semana santa con las comunidades del valle del Polochic en Telemán, Alta Verapaz.

El propósito de la misión, era celebrar con las comunidades Q’eqchi’es los oficios de la semana mayor y participar en las celebraciones que ellos tuvieran preparadas (procesiones, adoración a la cruz, viacrucis, etc.); de mi parte iba con la intención de cumplir las directrices de las hermanas y ser parte de las celebraciones, pero también quería tomar la experiencia como una evaluación para hacer de Telemán un campo de misión para el MJD Guatemala.

35. Semana Santa 5


Llegar con las hermanas Anunciatas a Teleman es una odisea, desde tomar el bus, pasando por el camino; imaginen un bus de 15 personas (sentadas cómodamente) y que los choferes suelen meter hasta 25-30 personas; en el transcurrir del viaje, la gente va subiendo y bajando, junto con el paisaje y clima que van cambiando conforme se va descendiendo más al valle del Polochic.

Al llegar con las hermanas y tras una breve introducción a la misión, se nos reparte a las comunidades, me envían a Jolomi’Hix (Cabeza de tigre). Con ciertas observaciones sobre el idioma, las costumbres, el clima y las comidas que podemos encontrar en las comunidades, para que tomemos nuestras respectivas precauciones y sepamos tratar con respeto a las personas de las comunidades.

35. Semana Santa 1

Salimos a la mañana siguiente, el bus llega en aproximadamente 45 minutos a la comunidad, al llegar y enfrentar la realidad, solamente puedo pensar en regresarme a mi casa (ni siquiera al colegio de las hermanas); calor, polvo, un idioma que no conozco y ruido estridente a la puerta de la capilla. Tantos factores que podían servir de excusa para no sentirme cómodo, para irme de allí y luego inventar alguna excusa para justificar mi cobardía.

Voy acompañando a Carlos en su primera experiencia de misión, me explica que la gente nos espera en el templo, pero antes de entrar, debemos santiguarnos (supongo que así se dice) y las mujeres de la comunidad dan 7 vueltas con incienso alrededor de nosotros, acto seguido entramos y se nos da la bienvenida. A partir de este momento todo lo que quiera decir o todo lo que me digan es a través de Carlos, quien la hace de traductor español-qe’qchi qe’qchi-español; y es solo entonces entiendo que estoy con el pueblo qe’qchi, con personas que no hablan mi idioma y viven la fe de forma diferente a lo que hacemos en las ciudades.

35. Semana Santa 2

Vivir con los pueblos las celebraciones litúrgicas, los cantos y talleres son experiencias que no había tenido antes; la barrera del idioma supone un verdadero desafío, a lo que me lleva a cuestionar si mi presencia en la comunidad es realmente útil o necesaria. Sin embargo, la gente siempre se muestra amable, abierta, amorosa y respetuosa de que mi lengua natal sea el castellano y no el q’echi, cuanta diferencia con ellos y la gente en la ciudad.

Durante la semana me dedico a buscar a las personas que hablan castellano, con quienes pueda tener una conversación y conocer más sobre la realidad de la comunidad; la mayoría de los que hablan español son adolescente o jóvenes que han viajado a la capital para ganar el dinero suficiente para poder seguir estudiando, algunos ancianos solamente lo entienden y los adultos que lo hablan son aquellos que formaron parte del ejército o trabajan en Izabal, la ciudad o Escuintla.

35. Semana Santa 3

Las realidades y retos que las personas me presentan son realmente difíciles, propias de un pueblo que casi fue arrasado por el ejército y la guerrilla durante la guerra interna; sin embargo, hay esperanza, la certeza de que el trabajo duro y constante puede dar oportunidades a las nuevas generaciones, a través de la educación, el empoderamiento de las mujeres, el emprender negocios y proyectos personales o comunitarios. Pero cada día, tras hablar con la gente, termino cansado, demasiado pensativo, triste y hasta molesto de que las realidades que conocí hace 10 años han cambiado poco o nada.

En un momento, tuve el gusto de conocer a Eduardo y platicar con él; es uno de los pocos adultos que habla el castellano y quien trabaja en la seguridad de una minera en Panzós. Entre platicas, me explica a fondo la cotidianidad de la comunidad, que únicamente subsiste por granos básicos, cría de algunos animales y miel de abeja; los jóvenes por otra parte, solamente tienen dos opciones: trabajar en el campo o viajar a la capital para buscar un trabajo que “pague mejor” (estudiar es un lujo que no todos pueden costear). Es por eso que se ven tan pocos jóvenes en la comunidad, la mayoría opta por trabajos mejor remunerados fuera; aunque la mayoría de ellos aparecen a las 4 para jugar fútbol a diario en la cancha comunitaria.

35. Semana Santa 4

Y aquí todo empieza a hacer click o dar vueltas en la cabeza, vienen las interrogantes y las dudas… ¿Cuál debería ser nuestro papel en los pueblos originarios? ¿De verdad aportamos algo con la predicación de la palabra? ¿Cómo podemos hablarle de Dios y su amor a pueblos que, entre tantas carencias, tienen una fe más fuerte y viva que la nuestra? ¿Y si mejor apoyáramos a las comunidades con nuestras profesiones y oficios? ¿Y si velamos por la juventud, sus oportunidades y sueños? ¿No sería mejor vivir el evangelio que andarlo repitiendo sin cesar?

Terminado el objetivo, la comunidad se despide con cantos, veladoras, regalos y sonrisas; es este un momento de catarsis personal, porque en medio de la nostalgia y la solemnidad, está un pueblo con muchas carencias, entregando lo que tiene a un muchacho que hace 5 días no conocían… he allí la riqueza del pobre que tanto nos habla Cristo, ese corazón puro que Santo Domingo veía en los necesitados.

Regreso a la casa de las hermanas, a recuperarme y reponer fuerzas, con una experiencia que fue totalmente diferente a como la esperaba; cualquier idea preconcebida o experiencia previa no sería suficiente para lo vivido durante estos días. En otras palabras, no hay libros, talleres o formaciones que puedan prepararte para la realidad que estas a punto de vivir cada vez que te aventuras a una experiencia de misión. La experiencia en el valle del Polochic ha sido una de las más fuertes que me ha tocado vivir en todo mi caminar dentro del movimiento; hay que tener un estomago fuerte y un corazón preparado para poder ver esa realidad tan dura de nuestro país.

Convivir con el pueblo qe’qchi es una oportunidad que se repitió 10 años después de mi primer encuentro con ellos; y en ambos encuentros, este pueblo me ha mostrado contextos llenos de carencias, faltas de oportunidades, miedos y hasta desesperación de algunas personas. A esas realidades que ignoramos en las ciudades me ha dado por llamarles Guatemala profunda; un concepto que se va moldeando conforme las personas y las comunidades, me enseña que las oportunidades se buscan, que las carencias en la vida deben ser retos, que los miedos se enfrentan y la desesperanza se combate con sueños por los cuales hay que trabajar.

Definitivamente las realidades que encontramos forman parte de nuestra coyuntura como país y los pueblos son pieza vital de la pluralidad de nuestra sociedad; y en todas puedes encontrar a Cristo, porque donde hay miedo, abandono o soledad, también hay esperanza y mucha fe.  

35. Semana Santa 6

Por eso creo que nuestra respuesta como jóvenes, debe ir conforme a las necesidades reales de las personas y de la mano con nuestra identidad de laicos. Como bien dice Fray Luis Miguel Otero “Déjenle la predicación de la palabra a los frailes y a las monjas, ustedes son laicos y como tales deben hacer viva la predicación del evangelio desde su cotidianidad, con proyectos y acciones que vayan acordes a lo que ustedes son”

¿Y qué somos nosotros? Somos un abanico de carismas, talentos y profesiones: médicos, ingenieros, fotógrafos, comunicadores, escritores, auditores, artistas, estudiosos, emprendedores, cantantes, maestros, diseñadores, etc. Y entre tanta variedad, puede surgir algo bonito, si usamos cada una de nuestras profesiones o talentos para mejorar la vida de las personas, para procurar la dignidad de los niños y jóvenes del país.

El valle del Polochic es una tierra de historia, tradiciones, pobreza, luchas y oportunidades; si el movimiento quiere trabajar con los pueblos, habrá de empezar por conocer a sus jóvenes, compartir con ellos y luchar junto con ellos; porque mientras sigamos con la idea de que las comunidades necesitan de nosotros, única y exclusivamente para la predicación del amor de Dios, del mensaje de Cristo y los dogmas de fe, nuestros talentos serán desaprovechados y la predicación totalmente estéril.

Los Pueblos Originarios suponen un reto para nosotros, como MJD, respecto a lo que estamos dispuestos a hacer con los jóvenes y por los jóvenes… hay que pasar de ser “jóvenes predicando a jóvenes” al “jóvenes, forjando un futuro mejor con los jóvenes”

 

            Antonio Flores M.
MJD Guatemala

 
Facebook IDYM Fanpage

Sitio web de la Orden
Biblioteca online en Scribd
Fotos en Flickr