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Jubileo Dominicano

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 Nuestra experiencia misionera en Tailandia - Congregación de Santo Domingo 

 

Dios puso en el corazón de algunas hermanas de la Congregación de Santo Domingo, el deseo de ir a Asia, y anunciar el proyecto de Jesús; proyecto de vida y felicidad para todos los hombres y mujeres de nuestro mundo, a la vez que urgidas por sus propias palabras: "Id al mundo entero y predicad el Evangelio". Es una realidad que en Asia son pocos los que conocen a Jesús, el proyecto del Reino, y  por ello es una urgencia la evangelización de este continente. Evangelizamos desde una comunidad de tres hermanas urgidas por la pasión de que el Reino se haga presente entre los más pobres; de que es en las “periferias”, como nos dice el Papa Francisco, donde hemos de estar hoy las religiosas y religiosos.

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Aprobada la fundación en Asia por dos Capítulos Generales sucesivos, la Priora General con una de las hermanas que vendría a Tailandia, visitó al Obispo de la diócesis de Udon Thani, en el noreste de Tailandia, una de las regiones más pobres del país. El Obispo nos acogió con cariño y nos ofreció una casa de la diócesis, que llevaba 10 años vacía, para vivir las hermanas y para llevar a cabo la misión.  
El día 7 de octubre de 2008, llegamos a Udon Thani, las tres hermanas que habíamos sido destinadas a abrir esta nueva misión. Como ese día es la fiesta de la Virgen del Rosario, patrona de la Orden dominicana, la hemos tenido siempre como guía y protectora de esta Casa Hogar, a la que le pusimos su nombre.


Estuvimos un año en Bangkok, estudiando el tailandés, nada fácil por cierto. Durante el primer año además de estudiar la lengua, comenzamos un proceso de discernimiento comunitario
: oramos mucho las tres hermanas para ver qué quería Dios que hiciéramos en Tailandia, visitamos varias veces Udon Thani, estuvimos en varias parroquias rurales conociendo la realidad de esta región, supimos que muchas niñas caen en las redes de la prostitución por falta de recursos económicos de las familias, vimos las dificultades en muchos lugares para realizar los estudios secundarios. El final de nuestro discernimiento comunitario fue el siguiente: Acogeríamos en la casa a niñas pobres, de zona rural, que no tienen oportunidades de estudiar  y desean un futuro mejor. 

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En diciembre del 2009 después de estudiar la lengua, nos vinimos a vivir definitivamente a Udon Thani. Recibimos las llaves de la casa y comenzamos el trabajo limpiando la casa, pintando bastante parte de ella, acabamos expertas en pintura y limpieza. Se hicieron algunas reparaciones, se construyó una “saala”, pequeño espacio cubierto para la imagen de la Virgen del Rosario, titular de esta misión: "Casa Hogar Ntra. Sra, del Rosario". El Obispo notifico a los párrocos la próxima apertura de esta Casa Hogar y comenzamos a visitar a  las familias de las niñas que querían venir.  Quedamos impresionadas de la pobreza y nuestros corazones se abrieron a la acogida, a lacompasión, con un fuerte deseo de ayudar a la promoción de estas niñas para que llegaran a disfrutar de una vida digna.  La Providencia de Dios se hizo presente desde nuestra llegada a Udon Thani a través de muchas personas generosas, que nos proveyeron de todo lo necesario para comenzar la misión. 

 

 Abrimos las puertas de la Casa Hogar en abril del año 2010  a  un grupo de 8 niñas, las 3 mayores tenían 12 años y la más pequeña 8 años.  Nuestro corazón saltaba de gozo de ver el bien que se podía hacer a estas niñas que llegaron alegres, porque deseaban estudiar, no tenían posibilidades y aquí encontraron la oportunidad de realizar sus sueños.

Comenzaba el curso escolar en mayo, y la Providencia de Dios se hizo presente de nuevo, a través de nuestras amigas de la comunidad Latina de Bangkok, que nos ayudaron con el pago de las matrículas, uniformes, libros. También desde España la Providencia actuaba con amigos que apoyaban económicamente los gastos mensuales de la Casa Hogar. De nuestro corazón brotaba una continua acción de gracias a Dios, dador de todo bien.

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Estamos viviendo el octavo año en la Casa Hogar. El número de niñas ha ido creciendo hasta llegar a 21 en el año 2013, cuyas plazas la solicitaban sacerdotes o amigos de familias de algunas de las niñas que estaban aquí. En el curso actual tenemos acogidas 18 niñas; en estos momentos trabajamos en un proyecto que nos permitirá tener 30 niñas el próximo curso 2018.

Todas las niñas comenzaron estudiando en el Colegio Marie Phithak, de religiosas thailandesas, cuyas hermanas nos dieron facilidades para que entraran a estudiar allí. Actualmente están estudiando en dos colegios diferentes: las más pequeñas en el Colegio Marie Phithak y las mayores en el Colegio Saint Mary, de religiosas salesianas, donde estudian  los tres últimos años de Bachillerato Superior.

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Año tras año, hemos visto palpable cómo Dios se hace presente entre sus predilectos, los más pequeños, los pobres, los desheredados. A medida que las niñas estudian niveles superiores, los gastos aumentan, y cada año recibimos de los bienhechores de esta Casa Hogar, justo lo que necesitamos para el año. Estas niñas son todas de familias pobres, y por ello nos responsabilizamos de las matrículas, uniformes, libros, cuadernos, comida, transporte, luz, agua, médicos, medicinas, etc.

En estos años hemos experimentado también la Providencia amorosa de Dios, en muchas experiencias interesantes y preciosas de personas voluntarias, que vienen a ayudar en la formación integral de estas niñas. Son jóvenes universitarias y profesionales de deferentes países: Francia, Venezuela, Estados Unidos, España, Canadá, Argentina, Colombia, Méjico, Inglaterra, Tailandia, Puerto Rico, Alemania. Estas personas voluntarias nos enriquecen a todas con su vida servicial, sencilla y generosa. Las niñas se benefician de muchos aprendizajes: estudio de la lengua inglesa, deportes, música, manualidades, conocimiento de culturas diversas, formación humana, profundización en la cultura tailandesa. Agradecemos a Dios el poder acoger a tanta gente maravillosa que invierte parte de su tiempo, de su vida, en ayudar a estas niñas.
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El Objetivo de nuestra Casa Hogar es proporcionar a las niñas una acogida cálida, familiar, que propicie una formación integral de calidad a través de los colegios en los que estudian y de nuestra Casa Hogar. Queremos hacer de ellas, mujeres bien formadas, responsables, que vayan asumiendo procesualmente los valores que propone nuestro Proyecto educativo y después sean personas que colaboren en la transformación de la sociedad. El proceso formativo de la Casa Hogar pretende la personalización de los valores fundamentales para el desarrollo humano y religioso de las chicas y familiarizarlas con los contenidos, valores y actitudes de la fe en la persona de Jesús, en su estilo y proyecto de vida. Desde una identidad y convicciones propositivas, no impositivas, que forman personas libres, dialogantes, comunitarias, constructivas, solidarias, comprometidas.

Nosotras, como religiosas dominicas, fundadas por la Madre Teresa Titos Garzón, recogemos y actualizamos su legado educativo: 

Formación de la inteligencia, en el gusto por la verdad, estudiando con decisión y atentas a las necesidades de su entorno rural en Udon Thani.

Formación del corazón, en el gusto por el bien, que sientan compasión por las personas que sufren en el mundo y crezcan en  solidaridad y en el amor mutuo.

Formación de las manos, en habilidades y trabajos domésticos, que buscan día a día una formación integral que las haga capaces de transformar su vida y la de los otros.

 Formación cristiana, en los valores del Evangelio, desde la experiencia religiosa profunda de Dios, confiando ilimitadamente en el amor infinito de Jesús, y en el amor de nuestra Madre del Rosario. Que como discípulas, seguidoras de Jesús, sean sensibles a las necesidades de los más pobres, a la defensa de los derechos humanos, y con audacia vayan construyendo el Reino de Dios en su entorno, y en el futuro se comprometan solidariamente con las niñas de pocos recursos económicos convencidas, al igual que nosotras, de “la alta misión de la mujer en la sociedad” (Teresa Titos).

En definitiva, pretendemos formar personas que, como Domingo de Guzmán y Teresa Titos, sean antorchas que iluminen el mundo.

Este camino formativo lo realizamos mediante Proyectos:

Proyecto de formación humana y religiosa;

Proyecto académico;

Proyecto pastoral;

Proyecto  de acompañamiento a las niñas egresadas o que se retira del proceso formativo;

Proyecto de talleres productivos

Proyecto balance económico

Proyecto administrativo

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A lo largo de estos procesos formativos hemos vivido la alegría de verlas crecer, poco a poco, en honestidad, en verdad, respeto, responsabilidad, solidaridad, amor a todos, perdón, justicia, servicio, fe, trabajo, esperanza.

Con mucha alegría y satisfacción ya vemos a dos chicas del grupo inicial, matriculadas en la Universidad.  La alegría será completa cuando finalicen estudios universitarios y las veamos con un trabajo digno, ayudando a sus familias, eligiendo su propio estado de vida y contribuyendo para que haya una sociedad más justa y fraterna.  

Otras chicas, terminado el Bachillerato elemental o el Superior, han conseguido buenos trabajos. También hemos tenido experiencias penosas y dolorosas de niñas que se nos han quedado por el camino.

Con algunas hemos seguido en contacto, aunque no tanto como hubiéramos deseado y con otras tenemos contacto frecuente, nos visitan felices y agradecidas.

 

Nuestra formación alcanza también a las familias de las niñas, tenemos reunión con ellas dos veces al año insistiendo en los valores en que deben educar a sus hijas, para ir familia y Casa Hogar, en la misma dirección. Cada curso visitamos al mayor número posible de las familias, llevándoles cariño, comprensión y expresándoles la alegría de colaborar juntos en la consecución de un futuro mejor para sus hijas.

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Nuestra experiencia misionera en estos 9 años en Tailandia, ha abierto nuestro corazón a la riqueza de esta cultura oriental, a la idiosincrasia de este pueblo tailandés, y hemos hecho entrega de nuestra vida a la formación integral de estas niñas que ya van siendo mujeres. Es mucho lo que recibimos en gozo profundo, en amor, en alegría, en la posibilidad de entrega y de compartir lo que somos y tenemos. Es mucho el crecimiento en paciencia, en humildad, en esperanza, en misericordia. Nos sentimos sembradoras de vida, de fe, de valores, y confiamos cada día la misión a  Dios, que es quien da el crecimiento.

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María Teresa Gómez, O.P.

 
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