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En el pais del sol naciente

Hna. Domitila Fuertes Ramos. Nacida en el año 1951 en Mansilla del Páramo, León

Llevo en Japón más de 30 años

Religiosas Misioneras de Santo Domingo.

  

“Id por todo el mundo y predicar el evangelio... yo estaré con vosotros”. Mt 28 ,19-20. Así de sencillo y simple es el pilar que sostiene mi vida como misionera. Dicen que cuando Francisco Javier vino a Japón en 1549 trayendo el mensaje del evangelio observó que cada mañana los japoneses, al amanecer, salían a la calle y juntando las manos adoraban al sol. Francisco se acercó y les dijo “veo que sois un pueblo religioso, adoráis al sol dador de la vida, pero yo os voy a presentar al dueño de ese sol a quien adoráis, y el que cada mañana hace que vuelva de nuevo a alumbrar vuestras vidas”. El éxito fue tan rotundo que hubo conversiones en masa y con tanta profundidad que esa fe les llevo a soportar el martirio.  

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Cuando yo leí esto para mi fue una lección. Yo, como misionera, no vendría a “destruir” culturas ni a “imponer” un cristianismo ‘europeizado’. Yo sería misionera “respetando” lo bueno que Dios ha puesto en cada religión y “ampliaría” la mirada, los horizontes de las personas que buscan “algo mas detrás del sol”.

Mi misión aquí es muy variada. Voy a describir algunos rasgos en general, sin detenerme en detalles.

Doy clases de religión en nuestros colegios. Mis alumnas de 15 a 18 años son TODAS budistas. Pero cada mañana comenzamos las clases con una canción religiosa, luego un breve comentario de una cita de la biblia y rezamos el Padre nuestro. Yo hago las oraciones y preparo las lecturas y las alumnas del club de información las leen por megafonía para todo el colegio. A mediodía rezamos para la bendición de la comida, ya que se come en el colegio, y al finalizar las clases se hace una oración de acción de gracias. Todo trasmitido por los micrófonos. Damos clases de religión obligatoria y con exámenes, ellas lo aceptan así cuando vienen al colegio. Durante el mes de mayo hacemos, todos los días un acto mariano por cursos y el día 31 es un día dedicado a María en todo el colegio. Hacemos la procesión de la Virgen y cada clase ofrece dos ramos de flores que luego por la tarde llevan a los hospitales, y la gente que trabaja en puestos públicos, como bomberos, carteros, policías etc. Y otras alumnas hacen servicios de voluntariado, limpieza en lugares públicos, estaciones, parques… En octubre, hacemos la misma actividad pero en lugar de ofrecer flores rezamos el rosario. Tenemos tres veces al año misa en el salón del colegio. En Navidad, en noviembre por la fiesta de los difuntos y en abril por la fiesta de Santa Catalina Patrona del colegio.

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Las alumnas se sienten muy contentas de poder rezar y se entusiasman con la religión católica, el problema es que al ser toda la familia budista con una tradición muy arraigada es difícil que lleguen al bautismo. Se diría que creen en el corazón. Con lo cual lo nuestro aquí es sembrar la semilla de la Palabra y los valores del cristianismo. Introducir el misterio del amor de Dios en esta sociedad tan materializada, tan estructurada y tan robotizada que corre el peligro de ver en la gente no a “la persona” sino a un miembro de “una factoría” donde cuenta más el rendimiento y la cabeza que el corazón y el misterio espiritual. Por eso nuestra misión aquí en Japón es dura, oscura, no de grandes triunfos, no de muchas compensaciones humanas. Aquí la misión es pura fe. Ver con los ojos de la fe y darles un sentido a tantas cosas que se hacen sin sentido y es curioso que en una sociedad tan industrializada y mecanizada la gente padece de calor humano, tienen necesidad de llenar su corazón de algo divino y buscan desesperadamente una luz en su camino que le hable de algo trascendente y que le haga soñar con otra realidad diferente de la que vive. Yo en este sentido me siento muy satisfecha de mi misión. Le veo sentido a mi trabajo cuando la gente te dice que les has infundido las ganas de vivir, que ven en ti un “algo misterioso” que no tiene precio y que no se vende en el mercado, es como una “magia” que les hace vibrar el corazón. Yo me siento muy feliz de ver que a medida que van viendo y entendiendo el mensaje de Jesús a través de la Biblia, de las clases, de las actividades que tenemos en el colegio relacionadas con la fe, les noto una alegría interior y una paz que, también me llena a mí y me da fuerzas para seguir.

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También me ocupo de la pastoral de los emigrantes y aquí tengo casos de todas las clases que se pueden dar en esta vida. Les visito en las cárceles, les animo en sus vidas personales. También doy catecismo en la parroquia para las personas que se quieren bautizar. Tengo grupos de Biblia para personas que quieren conocer y profundizar más desde ahí en su relación con Dios.

Tengo por lema “si puedes hacer algo, hazlo”. Y así sigo con mi ilusión a flor de piel dando todo lo que tengo y recibiendo todo lo que me ofrecen porque el compartir es bello y la misericordia del Señor es inmensa y sin límites. Me siento valorada y querida por esta gente, y yo les quiero y les valoro. Siento que la vida se me echa encima y me obliga a dejar este campo de labor que está tan sediento de recibir el amor de Dios. Ojalá las nuevas generaciones sientan que es bueno dedicar su vida por el bien de la humanidad y a mi ya se me acerca la hora del relevo... Confío en que Dios no se olvide de este país que cada mañana es el primero en ver la luz del sol. Si algún día me recuerdan por algo quisiera que fuera por esto "viví para quien me necesitó”. Con cariño. Sister Domi . 

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Hna. Domitila Fuertes Ramos.

Religiosas Misioneras de Santo Domingo.

Misionera en Japón

 
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